Los ojos fijos en el objetivo. Se mueven, sí, pero no pirden de vista su meta. Se mueven, sí, analizando cada uno de los movimientos, de los gestos, de los actos. No miran. Observan. Observan estudiando, comprendiendo, mimetizándose con el otro. Todo es parte de un plan mayor. Una gran ecuación en la que cada fragmento de información suma, resta, divide y hasta eleva exponencialmente.
Nada puede quedar al azar. Una palabra de más, un tono de voz erróneo, una palabra incorrecta sería el fracaso absoluto. Horas y horas de observación perdidas. Días y días de análisis en vano.
Paciencia es la regla principal se repite una y otra vez. Diez, cien, mil veces.
De lejos, en perfecta simbiosis con el entorno, los felinos ojos humanos recolectan información al tiempo que el super procesador de datos biológico genera infinitas micro explosiones de energía pura.
La película ya está empezada. Se repite una y otra vez aprisionada en un loop eterno. Solo un fiel observador notaría las sutiles diferencias entre una versión y la otra. Cada paquete de información nuevo cambia la historia dramáticamente.
De principio a fin se repite sin parar una y otra y otra vez. Danzando en un tiempo sin tiempo. Proyectada en lo más profundo del universo psiquis.
Sin saberlo, sin importarle, el simulacro llega a su fin. No queda mucho más para procesar.
La primera fase ah sido completada.
Cada movimiento, cada palabra, cada gesto, cada parpadeo fue analizado y ensayado hasta el cansancio.
Se prepara y espera. Agazapado cual felino esperando saltar sobre su presa.
El cronómetro llega a cero. Acabó el tiempo, debe actuar.
Salta al encuentro de su víctima danzando alegremente cada parte del plan.
Todo ha salido perfecto. Lo ha conseguido. Su presa está bajo su influencia. Pasará un tiempo hasta que su atención se pose sobre otra víctima.
Su hambre...fue saciado.
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